La Economía Solidaria tiene como principio fundamental el desarrollo humano, más allá de la acumulación de la riqueza, un ser humano asociado que piensa y proyecta el mejoramiento de la calidad de vida de las personas y el desarrollo de su entorno; por lo tanto es una economía al servicio de la sociedad, que da cuenta de una identidad social, histórica y cultural. En palabras de Coraggio: La Economía Social la mira como espacio de acción constituido no por individuos utilitaristas buscando ventajas materiales, sino por individuos, familias, comunidades y colectivos de diverso tipo que se mueven dentro de instituciones decantadas por la práctica o acordadas como arreglos voluntarios, que actúan haciendo transacciones entre la utilidad material y valores de solidaridad y cooperación, limitando (no necesariamente anulando) la competencia.
Por lo tanto esta Economía Solidaria fortalece el lazo social y el desarrollo local, siendo la generación de riqueza un medio para el mejoramiento del colectivo y de su entorno; no se piensa como una herramienta adquisitiva, sino como apuesta política y transformadora; lo cual es doblemente exigente ya que no es solo tener una estrategia económica eficiente sino a su vez incorporar en todo el proceso económico la solidaridad como realidad: en los procesos de producción, distribución, circulación y consumo, propendiendo por la reproducción y desarrollo de la vida, con el objetivo de generar, en palabras de Euclides Mance, un buen vivir: “El buenvivir, a su vez, es el ejercicio de valerse de la mediaciones materiales, políticas, educativas y de información, no sólo para satisfacer éticamente necesidades biológicas y culturales de cada uno, sino para garantizar éticamente la realización de todo lo que se pueda concebir y desear por la libertad personal y que no niegue la libertad pública. El buen vivir solidario implica respetar el deseo personal y promover su realización, en la misma que se respeta el deseo público y promueve su realización. Una vez que se garantizan mejores condiciones materiales, políticas y de información para el ejercicio de las libertades humanas, el buen vivir es compartir, felicidades y energías, con quien quisiéramos, en el momento que alcanzamos las realizaciones que deseamos, así como poder compartir nuestros sufrimientos y tristezas en los momentos de dolor y de contrariedades.”
La Economía Solidaria implica reciprocidad, corresponsabilidad y autogestión. La reciprocidad da cuenta de cómo cada asociado asume responsabilidades conjuntas, pues cada persona tendrá siempre algo para ofrecer y retribuir, desde un lugar proactivo en el vínculo con los otros y el medio ambiente. La corresponsabilidad, comprendida ésta como el apoyo mutuo en el desarrollo de un proyecto económico colectivo y la consecución de sus objetivos, que permita la construcción de un mundo más incluyente y equitativo, desde una postura ética, económica, social y política, en la cual construir con otros y otras sea imprescindible para el mejoramiento de la calidad de vida y de la sociedad. Y la autogestión da cuenta de cómo los asociados son los dueños de sus propio proyecto económico y en esa medida buscan la sostenibilidad de la apuesta en el tiempo, desde la estrategia económica misma.

Principios de la Economía Solidaria

La economía solidaria, reconoce como principio y fin, el bien-estar de las personas que hacen parte de una comunidad, el buen vivir. Valiéndose del principio de solidaridad como eje de acción ética y motor de la racionalidad económica que promueve la economía solidaria.
En los diferentes momentos de la economía, la solidaridad se aplica como eje que se evidencia en la acción, pues una economía solidaria debe aplicar dicho principio en todo el proceso económico:

  • Propiedad colectiva.
  • Asociatividad.
  • Excedentes colectivos.
  • Participación en procesos sociales.
  • Decisiones colectivas.
  • Desarrollo local.
  • Trabajo en red.
  • Cuidado del medio ambiente.
  • Procesos educativos.
  • Mejoramiento de la calidad de vida del colectivo – facto C.
  • Mercado justo y ético.
  • Consumo responsable.
  • Participación política.