Antecedentes

Contexto
El contexto nacional e internacional está alejado de la propuesta de economía solidaria, caracterizada por el modelo capitalista que en su fuerte presencia ha invadido todos los ámbitos social, político, económico y cultural, desde posturas individualistas y de concentración de grandes capitales, en donde el mercado tiene un papel preponderante sobre las personas; este contexto es adverso para una propuesta asociativa y de construcción colectiva lo que pone grandes retos para la economía solidaria como modelo alternativo.
En la dimensión económica a nivel mundial está centrado en el modelo neoliberal caracterizado por los procesos acelerados de la globalización de los mercados y las economías, en los cuales es posible ubicar unas megatendencias globales, como la concentración de capitales, la hipercompetencia entre grandes conglomerados económicos que operan a escala mundial, la internacionalización de la economía y la innovación tecnológica al servicio del mercado; en este escenario la economía solidaria no ha tenido mayor incidencia, ya que no se reconoce como modelo alternativo de la economía; además que desde la legislación y los mandatos del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, las propuesta de economía solidaria empiezan a ser obligadas a ingresar en esta competencia global por el mercado.
En lo cultural hay una relación directa con la construcción de la identidad y sentido de pertenencia, sus nexos y relaciones sociales, el proyecto de vida personal y el colectivo, los valores y en general la axiología que ponen en escena en las prácticas sociales, lo que suele ser adverso también para la economía solidaria en la medida que la identidad se ha venido fragmentando desde opciones individualistas, en las cuales el proyecto común es difuso; además de las violencias que se viven en el país que llenan de miedo y desconfianza para la construcción con otros.
En la dimensión política a nivel nacional se encuentran la mirada sesgada de la política desde el ejercicio de cargos públicos, perdiendo mucha fuerza el real ejercicio político como pregunta por lo público, por los escenarios y espacios colectivos, por el entre nos. Los altos grados de corrupción y falta de ética han hecho que las personas no generen alternativas desde la participación política y haya un desgano, especialmente en las nuevas generaciones, por estos procesos tradicionales.

Y la dimensión ecológica se ha convertido en un indicador de calidad, sin una pregunta real por la protección del medio ambiente y acciones claras para el cuidado de la tierra. Las grandes empresas asumen posturas a nivel económico sin conciencia por cómo hacer producción limpia, que no afecte de manera arrolladora a los ecosistemas, el agua, el clima, en fin sin la consciencia de que la tierra es limitada y se está acabando con ella.
Así es evidente que a nivel económico, social, cultural, político y ambiental, la conciencia por los procesos económicos solidarios que busquen propuestas alternativas de mejoramiento de la calidad de vida de las personas y desarrollo local, no es una prioridad. La economía solidaria se hace camino en el mercado global, en la desintegración social, la falta de ética, la desconfianza, la corrupción y la poca conciencia ambiental… estos asuntos visibilizan la necesidad de seguir la promoción de la economía solidaria y la búsqueda de propuestas concretas a nivel asociativo que permitan procesos más éticos, de desarrollo humano y transformación social alrededor de la economía.
El contexto descrito anteriormente muestra la necesidad de fomentar procesos de economía solidaria más incluyentes, que permitan reales niveles de desarrollo humano para las personas, proyectos asociativos que beneficien al colectivo y se vea reflejado en las comunidades y en el respeto por el medio ambiente. La Economía Solidaria busca recuperar la dimensión ética y humana de las actividades económicas y establecer nuevos principios para la puesta en práctica de modelos económicos alternativos al capitalismo. No impone un único modelo para todas las culturas y todas las sociedades, sino que cuenta con unos principios mínimos que deberían recoger aquellas apuesta económicas (diferentes y adaptados a cada cultura) solidarias.
La organización solidaria evidencia la importancia de hacer deseable para hombres y mujeres una sociedad distinta, transformadora y eficiente en el desarrollo local, regional y nacional, personas pensando una sociedad incluyente desde procesos económicos que permitan la participación activa, con procesos integrales que incluyan la dimensión económica, social, cultural, política y ambiental.

Justificación

El Instituto para el Trabajo y el Desarrollo Humano “Saberes Solidarios” es una propuesta de formación con énfasis en economía solidaria con la pretensión de aportarle al fortalecimiento de la educación y la investigación del sector social y de economía solidaria, desde una apuesta con sentido pedagógico, político y cultural alternativo.
El Instituto más allá de hacer formación técnica tiene la intención de generar preguntas, plantear inquietudes, aportar a la construcción de posturas autónomas de los y las estudiantes, por ello el proceso de formación en sí mismo no es el fin sino el medio que permite la conversación y la reflexión alrededor de la economía solidaria y los proyectos económicos que aporten al desarrollo local, es una apuesta por la promoción del pensamiento alternativo.